Prostatitis y Erección: ¿Cómo se relacionan?

Prostatitis y Erección: ¿Cómo se relacionan?

A menudo, las personas que padecen prostatitis y tienen la próstata inflamada también tienen problemas de erección causados por diversos factores. Por lo tanto, especialmente en los casos de prostatitis juvenil, puede ser necesario tratar ambos trastornos. Veamos cómo intervenir y qué relación existe entre la prostatitis y la erección.

¿Qué es la prostatitis?

Considerada como una de las inflamaciones más comunes de la glándula prostática, la prostatitis es un trastorno que suele ser asintomático en sus fases iniciales y puede manifestarse de forma aguda o crónica.
La próstata es un órgano glandular situado debajo de la vejiga, que tiene forma de castaña, con la base hacia arriba y el vértice hacia abajo.

Su papel en la producción de esperma es de considerable importancia, ya que el órgano produce el líquido prostático, que mantiene vivos y nutre a los espermatozoides. La unión de esta secreción con el líquido producido por los testículos produce el esperma propiamente dicho, que se emite durante el orgasmo.

Cuando la próstata se inflama, el diagnóstico no siempre es fácil e inmediato, ya que en las primeras fases los síntomas son casi inexistentes o al menos indefinidos.
Sólo cuando la enfermedad se ha agravado lo suficiente, el paciente muestra un cuadro mórbido que puede ayudar al médico en el diagnóstico.

¿Cuáles son los síntomas de la prostatitis?

Cuando se presentan, los síntomas de la prostatitis consisten en:

Dificultad para orinar;

dolor inguinal

dolor rectal;

eyaculación difícil y dolorosa;

hematuria;

presencia de sangre en el semen;

episodios febriles (en la prostatitis aguda);

falta de apetito y astenia;

malestar generalizado.

La sintomatología de este trastorno depende del tipo de patógeno que lo provoca, de hecho existen cuatro tipos de prostatitis, que son:

Tipo I: se trata de un trastorno bacteriano de curso agudo y de aparición rápida y violenta;

tipo II: sigue siendo una patología bacteriana pero de curso crónico y, por tanto, prolongado en el tiempo pero con síntomas menos evidentes;

Tipo III: patología crónica de naturaleza no bacteriana;

tipo IV: prostatitis asintomática, que es la más difícil de diagnosticar.

En los hombres de entre 30 y 50 años, este trastorno es muy común y, en la mayoría de los casos, no provoca ninguna consecuencia.

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¿Qué es una erección?

La erección es un fenómeno fisiológico que consiste en la hinchazón del órgano sexual masculino como consecuencia de un fenómeno de vasodilatación, con aumento del flujo sanguíneo en los cuerpos cavernosos.
En el interior del pene existen estructuras anatómicas similares a esponjas, que por lo tanto son capaces de absorber grandes cantidades de sangre: de este modo, todo el órgano aumenta de consistencia y volumen, asumiendo el aspecto típico de una erección. En caso de disfunción eréctil, el mecanismo fisiológico que provoca la hinchazón del pene deja de ser eficaz, porque no hay un suministro adecuado de sangre a los cuerpos cavernosos.

Causas de la disfunción eréctil

Las causas que provocan este déficit eréctil dependen de factores tanto orgánicos como psicológicos.

Entre los factores orgánicos se encuentran

patologías vasculares (como la hipertensión arterial),

diabetes mellitus,

alteraciones hormonales o insuficiencia venosa.

Entre las causas psicológicas hay que recordar:

episodios depresivos,

crisis de ansiedad,

abuso de drogas o alcohol.

La prostatitis también puede influir en la correcta realización de una erección, ya que se trata de una inflamación orgánica de una glándula anatómicamente contigua al órgano sexual masculino que puede afectar a su fisiología.
En los casos en que el trastorno es bacteriano (prostatitis de tipo I y de tipo II), los microorganismos infecciosos entran en el torrente sanguíneo y pueden llegar fácilmente a la estructura anatómica del pene.

En estas condiciones, la circulación sanguínea también se ve alterada, lo que puede provocar una reducción del suministro de sangre a los cuerpos cavernosos, lo que explica la relación entre la inflamación de la próstata y la disfunción eréctil.

Cómo se relacionan la prostatitis y la erección

Los síntomas de la prostatitis también están relacionados con un fallo en el vaciado de la vejiga con retención de orina: se trata de un factor que predispone a la falta de erección del pene, ya que la modificación de la función renal con el estancamiento de la orina en la vejiga conduce a la producción de toxinas endógenas que interfieren en el control hormonal de las funciones sexuales.

Además del componente vascular relacionado con el llenado de los cuerpos cavernosos, la erección también depende del funcionamiento de las fibras musculares del pene, que en el caso de la prostatitis están hipotónicas.
Hay que tener en cuenta que, al igual que en otros síndromes inflamatorios, la presencia de la inflamación impide el desempeño regular de las funciones fisiológicas.

No hay que olvidar que en muchos casos la prostatitis es dolorosa y por tanto el paciente no puede erigir su órgano sexual, ya que esta acción aumentaría los síntomas álgicos.

Cómo resolver el problema

En los casos en que la disfunción eréctil está vinculada a la prostatitis, es necesario actuar en dos frentes, es decir, por un lado eliminar la inflamación de la próstata y por otro superar los déficits funcionales del pene.
En estos casos es necesario consultar a un urólogo, que tras realizar un diagnóstico certero y preciso, puede prescribir un tratamiento eficaz.

Si la prostatitis es bacteriana, es imprescindible tomar un antibiótico, teniendo cuidado de seleccionar sólo ciertos tipos de fármacos, ya que no todos los medicamentos de este tipo son capaces de atacar la glándula prostática. Por ello, siempre es aconsejable realizar un análisis del líquido prostático para aislar el germen patógeno responsable de la enfermedad y, en consecuencia, prescribir un antibiótico específico. Siempre es aconsejable asociar también un antiinflamatorio, cuya función es complementaria a la del antibiótico.

Una vez resuelta la prostatitis, es útil tratar la disfunción eréctil con fármacos vasodilatadores que aumentan el flujo sanguíneo a los cuerpos cavernosos. Un enfoque terapéutico considerado muy eficaz lo representan los moduladores hormonales, ya que la testosterona controla directamente la erección.

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En la mayoría de los casos, se trata de preparados naturales que aprovechan las propiedades de ciertas plantas indicadas en casos de impotencia masculina. La dieta también puede ser de gran ayuda, tras la eliminación del café, el alcohol y los alimentos ricos en grasas animales.

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