Cuáles son los mejores medicamentos para el tratamiento de la prostatitis

Cuáles son los mejores medicamentos para el tratamiento de la prostatitis

Próstata, medicamentos y prostatitis

La próstata es una glándula situada entre la vejiga urinaria y la última parte del recto, que envuelve el conducto uretral. Tiene una forma similar a la de una pequeña castaña, con la base hacia arriba y el ápice dirigido hacia abajo.

Desde el punto de vista histológico está formada por una capa periférica de naturaleza conectiva, por una capa de transición (intermedia) de tipo glandular y por una capa central que contiene el conducto uretral.
En condiciones fisiológicas su peso es de apenas 20 gramos, que tiende a aumentar con la edad: de hecho a partir de los 45-50 años, este órgano sufre una hiperplasia celular progresiva, responsable de su aumento volumétrico.

La función principal de la próstata es segregar el líquido prostático que tiene la misión de nutrir los espermatozoides, manteniéndolos vivos durante más tiempo.

Los trastornos que afectan a esta glándula son esencialmente de tres tipos:

Hiperplasia prostática benigna (caracterizada por un aumento progresivo del tamaño);

prostatitis (consistente en un proceso inflamatorio de naturaleza bacteriana o vírica);

carcinoma de próstata (que es una forma neoplásica maligna).

A diferencia de la hiperplasia y el carcinoma, que son patologías dependientes de la edad, la prostatitis es un trastorno que puede aparecer a cualquier edad, incluso en la juventud, porque depende del ataque de gérmenes patógenos responsables de una inflamación generalizada.

No es una enfermedad fácilmente diagnosticable, ya que suele ser asintomática (al menos en las primeras fases) o, al menos, presenta síntomas inespecíficos.

Sin embargo, es un síndrome que no debe descuidarse porque tiende a cronificarse con un empeoramiento que suele ser bastante importante.

Tipos de prostatitis

Existen 4 tipos diferentes de prostatitis, que son:

tipo I: prostatitis bacteriana aguda;

Tipo II: prostatitis bacteriana crónica;

Tipo III: prostatitis crónica no bacteriana;

Tipo IV: prostatitis asintomática.

Entre estas formas, la primera y la segunda son sin duda las más fáciles de diagnosticar y tratar, ya que su tratamiento requiere el uso de antibióticos específicos. Hay que recordar que la próstata no es sensible a los fármacos tradicionales, por lo que requiere una anamnesis especialmente precisa para seleccionar el principio activo más eficaz que debe prescribirse.

El tercero, pero sobre todo el cuarto tipo, son formas muy complejas tanto de diagnosticar como de tratar, y representan el porcentaje más problemático del trastorno.

Cómo diagnosticar la prostatitis

El diagnóstico de esta patología suele hacerse por varios medios, que son:

  • Examen urológico: a través del cual el especialista, mediante un análisis digital-.rectal, se da cuenta de la forma, el tamaño y la consistencia de la glándula, que no debe parecer demasiado diferente de su estado normal;
  • Dosificación del PSA: el PSA (antígeno específico de la próstata) es un compuesto que, en condiciones fisiológicas, no debe superar el valor de 4 ng por mililitro de sangre; cada vez que se supera este umbral significa que la próstata tiene algún problema, incluso la prostatitis;
  • Análisis de sangre: para discriminar cuál es el problema de la glándula, es necesario realizar un panel completo de análisis de sangre, destacando el valor de la proteína C reactiva, un índice de inflamación;
  • Análisis de orina completo: cuando se sospecha de una prostatitis bacteriana, siempre es útil realizar un análisis de purines completo con cultivo de orina (para identificar el tipo de bacteria implicada) y antibiograma (para establecer el antibiótico más eficaz);
  • Ecografía transrectal: para ver con precisión el tamaño de la próstata y la estructura de su tejido que, en presencia de prostatitis, aparece inhomogéneo e hipoecogénico.

Síntomas y tratamiento de la prostatitis

Cuando se presenta, los síntomas de la prostatitis afectan tanto al sistema urinario como al intestinal y al aparato genital. El paciente se queja de un malestar generalizado, y de una serie de otros síntomas como:

  • náuseas y falta de apetito,
  • ataques febriles (presentes sobre todo en las formas agudas),
  • Dificultad para orinar,
  • eyaculación dolorosa y alteraciones en los movimientos intestinales.

En caso de prostatitis bacteriana, el tratamiento de elección es el uso de antibióticos específicos (elegidos mediante el antibiograma) combinados con antiinflamatorios (AINE o corticoides).

En caso de prostatitis no bacteriana, si los agentes etiológicos son esporas de hongos, es necesario utilizar fármacos antifúngicos; si, por el contrario, las causas son víricas, conviene utilizar antivirales combinados con inmunoestimulantes.

De los 4 tipos de prostatitis, la prostatitis no bacteriana es sin duda la más compleja de tratar, ya que los virus son gérmenes difíciles de atacar y en cualquier caso no son receptivos a las terapias farmacológicas tradicionales.

Los fármacos antiinflamatorios desempeñan un papel complementario, apoyando al organismo del paciente en la erradicación de la prostatitis, ya que impiden la producción de sustancias nocivas en el organismo, además de bajar la fiebre. El mecanismo de los antibióticos, de hecho, aunque es más específico que el de los antiinflamatorios, requiere más tiempo para desarrollarse y, por lo tanto, en presencia de picos de fiebre, se hace necesario intervenir rápidamente con AINE.

Importancia de la prevención de la prostatitis

Como es sabido, la prostatitis es una enfermedad que, aunque no es tan grave como el cáncer de próstata ni tan incapacitante como la HBP, es sin embargo muy molesta y, si no se trata, conlleva cierto riesgo. Por lo tanto, siempre es una buena práctica prevenir su aparición poniendo en práctica algunas sugerencias; en primer lugar, es fundamental cuidar el régimen nutricional, prefiriendo alimentos saludables, ricos en fibra, vitaminas y minerales, cuidando de equilibrar adecuadamente las dosis.

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Es necesario evitar el sedentarismo, eligiendo un estilo de vida dinámico caracterizado por la actividad física regular. La toma de suplementos dietéticos ha demostrado ser una opción óptima para permitir que la glándula funcione de forma óptima y repeler el ataque de microorganismos patógenos.

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